domingo, 24 de febrero de 2013

Chinoy


Uh, acabo de llegar de la presentación de Chinoy y aún sigo extasiado. En un comienzo este loco no me prendía, su voz me parecía bastante monótona y su rasgeo demasiado desagradable. Poco a poco me fui familiarizando con sus canciones. En un comienzo no era más que dos poesías musicalizadas que me tendían a envolver, pero no lo lograban. Esto era natural, pues creo que la vida anímica de uno tiene que lograr conectarse con los fenómenos artísticos, pues si bien una obra de arte logra su objetivo de atraerte emocional o intelectualmente, no logra del todo, de manera absoluta, confundir y sintetizar el alma, tu alma, con lo creado, y el arte. Y claro, siendo coherente, no faltaba más que mis nuevos estados anímicos, los desafíos que el alma, mi alma, se tuvo que ver enfrentada con las negaciones, contradicciones y desagarramientos de la realidad, del mundo, con los otros. En ese tránsito tormentoso, donde la solidez espiritual no encuentra más que intentos vanos de reconocerse, y que entrando en la preocupación, umbral de la desesperación, derrama lágrimas y cuerpos heridos, entra, sigilosamente, saludablemente, el arte, la música, Chinoy. Sus canciones, poesía armoniosa y caótica a la vez, desvelando los secretos más oscuros de la vida anímica, del alma, logran ser la identificación oportuna del extravío de la conciencia o, con palabras más quisquillosas, de la conciencia desventurada, desgraciada. Puede que esté exagerando, un sofista de la crítica, pero me es imposible ocultar la emoción que logró y ha logrado y acaba de lograr el arte animalesco de la voz en vivo de Chinoy. Creo que sus mensajes calan hondo, a veces muy difíciles de comprender. A mí me cuesta, y me sigue costando atajar su purga psicoanalítica, pero lo que sí me parece fácil, y visible, sentible, es que el corazón del animal que llevamos dentro se tiene que a veces expulsar, quizá como lo intento de hacer ahora. Como un instante, sí, sólo un instante. De libertad.

domingo, 27 de enero de 2013

re-encuentro.

Lo inesperado, lo que incomoda y el cambio. Las resoluciones de las andanzas, de las preguntas respondidas por los pasos. El enfrentamiento a la pasada identificación, a la recomposición de la unidad fragmentada, separada, desprendida. Un nuevo proceso de reconocimiento, la lucha permanente de nuestra nueva identidad, el retorno del nosotros. Continúa la dinámica. Sí, sigue, avanza, arraigando y desarraigando, demoliendo y construyendo: riendo para llorar. Pero las miradas continúan con sus deseos  insoportables, desesperantes. Punzan. La intranquilidad del espíritu-su sed de abismo y desaparición- limita con esta nueva transformación, devenir inmanente. Este lo engulle y lo libera para sí mismo, porque no es si no para sí mismo que la negación de la identificación emerge como producto necesario y vital para las resoluciones de las andanzas. El amor es una monstruosidad, ángel y demonio. Extra-ordinario. Las agujas diabólica que renacen en lucidez. Mientras los deseos personifican la caótica contradicción de nuestros espíritus, de las miradas, del cuerpo y la compenetración rítmica de los corazones, la idea vaga de la presencia, de tu presencia, devendrá inevitablemente en afirmación, propuesta, vale decir, esperanza hecha experiencia y viceversa. 

martes, 15 de enero de 2013

mujer

Podríamos arriesgarnos a decir que la mujer como ser social es la negación del absolutismo ideológico del hombre. Es el enfrentar el mundo masculino como su negación, donde esta no se presente como lo natural, lo inconsciente, sino que es presentada como una negación histórica, realmente construida, conformada, compuesta y devenida en conciencia. Lograda esta lucidez, que no tiene otra fuente de alimentación que la experiencia, la práctica, es que el hombre y la mujer, y más urgente el hombre, abren la posibilidad de cambiar el rumbo de las acciones, de no seguir reproduciendo la realidad androcéntrica , dichosamente aceptada. Es girar hacia el rumbo de la síntesis, de la unidad entre hombres y mujeres, a su reconocimiento mutuo, autorealización compartida.

lunes, 14 de enero de 2013

El amor.

"El momento primero en el amor consiste en que no querría ser una persona que gozara de independencia y en que, si lo fuere, me consideraría defectuoso o incompleto. El segundo momento, en que me recobro a mí mismo en otra persona, en que adquiero validez en ella, como ella en mí. El amor es, por tanto, la más monstruosa contradicción, que el entendimiento no puede resolver, ya que no existe nada más duro que esta puntualidad de la autoconciencia, que es negada y que yo debo, sin embargo, acoger como afirmativa. El amor es el alumbramiento y la resolución de la contradicción, todo a un tiempo; y es, en cuanto resolución de ella, la unidad moral"

Hegel.

El espíritu.

"La vida del espíritu no es la vida que se asusta de la muerte y se mantiene pura de toda devastación, sino la vida soporta la muerte y sabe mantenerse indemne en ella. El espíritu sólo adquiere su verdad en cuanto se encuentra a sí mismo en el desagarramiento absoluto...Sólo es este poder en cuanto saber mirar la cara a lo negativo y detenerse en ello. Esta estancia es la fuerza mágica que transforma lo negativo en el ser"


Hegel.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Valparaiso




                Tus monstruosidades de la costa dejan bien en claro tu esencia. Barcos inmensos y pequeños, desde corporalidades absolutamente herméticas hasta una simple piel de madera desgastada. Las aves cansadas de tanta libertad buscan algún espacio en las diversas proas que, inmutables, miran la pintura de aquel ángel borracho que diseñó tus calles, edificios y casas. Albergan en tus mal llamados cerros, que no son otra cosa que lomas superpuestas unas tras otras, diferentes casas de latas oxidadas recogidas alguna vez en la orilla del mar, de rocas y piedras importadas –dicen- de Europa central, casas de múltiples materiales de segunda, tercera o cuarta mano. Departamentos fiscales coloridos, espaciosos y comunitarios que, junto a casas aristocráticas y sus respectivos jardines decimonónicos, dejar bien en claro que la arquitectura es por definición un hecho social. Verde claro, plomo, rosado, celeste, verde agua, blanco, rojo, fucsia, verde oscuro, naranja, e infinitos colores y combinaciones visten tu cuerpo empinado, desobediente y caótico; y que pronto, en cosa de minutos, encenderás tranquilamente cada faro de tus esquinas, para recordarle así a tus habitantes que ha llegado la noche y que es tiempo ya de que se sumen a levantar el festival de una ciudad que  sabe perfectamente cómo iluminar el océano pacífico.
                Valparaíso, tus calles arrinconan corazones, extravían conciencias y, sobretodo, cansan las piernas. No hay mejor lugar para un prisionero de la gran ciudad venir a sentir su propio corazón, dialogar con su perturbada conciencia y activar un poco su estático cuerpo. Pues muy bien debes saber que el caminar perdidamente sobre tus arterias impregnadas de agua salada, encontrarse con esquinas, casas y miradores surreales, sentir la soberanía del peatón sobre tus estrechas calles y, por supuesto, disfrutar como los perros callejeros indignados deben reconocer y acatar ciertos derechos felinos; hacen de ti, querido puerto, el lugar paradigmático de la sanación, introspección, del cuidadoso despliegue de nuestras consciencias, de su reconocimiento histórico, desequilibrado y pulsional. Eres, simplemente,  la santa purificación del alma.   
                 No hay motivo de olvido, ni razón de indiferencia. El brazo fraterno de tus cerros y la extensa tela de tus faldas podaron las largas hojas que ensombrecían mis potencias reales. Porque es justamente acá donde por fin voy comprendiendo eso de que se me dijo alguna vez “esto no es real”. Así como experimenté desde calidad de espectador lo que no era real, acá vivencio una y otra vez que mi conciencia también se miente, se autodestruye, se daña, sufre con imágenes y futuros irreales. Hay que respirar, escucharse, calmarse, así para entender de a poco, paso a paso, que somos seres históricos, dialécticos, que el sometimiento a un determinado mecanismo psíquico es superable, y que todas las fantasías y emociones paralizantes que deriven de él, no rechazarlas ni eliminarlas, sino más bien enfrentarlas, asirlas y callarlas. De que todo esto es aprendizaje, es la superación atravesada por contradicciones permanentes: como tus mismísimas calles, donde todo se une y desune, continuidad en la discontinuidad; como nuestras vidas, nuestros amores.  
               


viernes, 21 de diciembre de 2012

Ante la naturaleza.

Me oyó y me respondió con voz alterada: "Es verdad. Es aquí que se ve la naturaleza. He aquí la morada sagrada del entusiasmo. ¿Un hombre ha sido dotado de genio?, abandona la ciudad y sus habitantes. Le gusta, según las inclinaciones de su corazón, mezclar sus llantos con el cristal de una fuente; llevar flores a una tumba; aplastar con pie liviano la grama tierna de una pradera; atravesar con pasos lentos los campos fértiles; contemplar los trabajo de los hombres; huir al fondo de los bosques. Le gusta su horror secreto. Anda errante.  Busca un antro que lo inspire. ¿Quién mezcla su voz con el torrente que cae de la montaña? ¿Quien siente lo sublime de un lugar desierto? ¿Quién se escucha en el silencio de la soledad? Es él. Nuestro poeta habita en las orillas de un lago. Pasea su vista por las aguas, y su genio se extiende. Allí es sobrecogido por este espíritu, a veces tranquilo, a veces violento, que eleva su alma o que la calma a su gusto. ¡Oh Naturaleza, todo lo que es bueno está encerrado en tu seno! ¡Eres la fuente fecunda de todas las verdades! En este mundo sólo la virtud y la verdad son dignas de ocuparme. El entusiasmo nace de un objeto de la naturaleza. Si el espíritu lo ha visto bajo unos aspectos llamativos y diversos, está ocupado, agitado, atormentado por él. La imaginación se acalora; la pasión se agita. Uno está sucesivamente atónito, emocionado, indignado, encolerizado. Sin el entusiasmo, o la idea verdadera no se presenta, o, si por azar se encuentra, no se puede perseguir...El poeta siente el momento del entusiasmo; es después de haber meditado. Se anuncia en él por un estremecimiento que empieza en el pecho, y que pasa de una manera deliciosa y rápida, hasta las extremidades de su cuerpo. Pronto ya no es un estremecimiento; es un calor fuerte y permanente que lo abrasa, que lo hace jadear, que lo consume, que lo mata; pero que da el alma, la vida a todo lo que toca. Si este calor se acrecentara más, los espectros se multiplicarían ante él. Su pasión se elevaría casi hasta el grado de furor. No conocería más alivio que vertir afuera un torrente de ideas que se empujan, se chocan y acosan".

Dorval.