"Escribe cualquier cosa. Que sea verdad o mentira no tiene importancia. Habla, pero habla con ternura, pues es toda la ayuda que puedes prestar. Construye una barricada de palabras, tanto da lo que signifiquen". -John Berger-
sábado, 23 de marzo de 2013
Faustoraiso.
Es lo últimamente discordante, conflictivo. Es, es. No puede dejar de ser. Es una torrente, un río, una olas asesinas. Una nube, dos nubes, mil nubes que no solo esconden, sino que oscurecen el único camino. Son las sombras. Son los pájaros. Son. Son, son los fantasmas. Es, es, y no dejar de ser, la magnífica fiesta ensordecedora. Suprema. Es, es, y no deja de ser, la vida misma de las lenguas del fuego. Es el principio absoluto del Yo interminable. Es el fuego. Es, y no deja de ser Dios y Diablo.Es la convivencia. Es la reconciliación. Es la superación de la locura. Es, y no deja de ser una simple palabra nominada Fausto. La pura luz, la absoluta luz, la dogmática luz es un engaño, una ilusión de ilusiones, una antinaturaleza. Es, y no deja de ser también oscuridad, muerte, seducción, alucinación y burla. Es, y no deja de ser, Satán. ¡Gloria a aquellos! ¡Gloria a Dios! ¡Gloria al Diablo! !Gloria al mundo invertido, al cielo como infierno e infierno como ciudad celestial! Es todo en la síntesis de su unidad en permanente construcción. Es, y sigue siendo... ¡el amor! ¡La vida!
domingo, 24 de febrero de 2013
Chinoy
Uh, acabo de llegar de la presentación de
Chinoy y aún sigo extasiado. En un comienzo este loco no me prendía, su voz me
parecía bastante monótona y su rasgeo demasiado desagradable. Poco a poco me fui
familiarizando con sus canciones. En un comienzo no era más que dos poesías
musicalizadas que me tendían a envolver, pero no lo lograban. Esto era natural,
pues creo que la vida anímica de uno tiene que lograr conectarse con los
fenómenos artísticos, pues si bien una obra de arte logra su objetivo de
atraerte emocional o intelectualmente, no logra del todo, de manera absoluta,
confundir y sintetizar el alma, tu alma, con lo creado, y el arte. Y claro,
siendo coherente, no faltaba más que mis nuevos estados anímicos, los desafíos
que el alma, mi alma, se tuvo que ver enfrentada con las negaciones,
contradicciones y desagarramientos de la realidad, del mundo, con los otros. En
ese tránsito tormentoso, donde la solidez espiritual no encuentra más que
intentos vanos de reconocerse, y que entrando en la preocupación, umbral de la
desesperación, derrama lágrimas y cuerpos heridos, entra, sigilosamente,
saludablemente, el arte, la música, Chinoy. Sus canciones, poesía armoniosa y
caótica a la vez, desvelando los secretos más oscuros de la vida anímica, del
alma, logran ser la identificación oportuna del extravío de la conciencia o, con palabras más quisquillosas, de la conciencia desventurada, desgraciada.
Puede que esté exagerando, un sofista de la crítica, pero me es imposible
ocultar la emoción que logró y ha logrado y acaba de lograr el arte animalesco
de la voz en vivo de Chinoy. Creo que sus mensajes calan hondo, a veces muy
difíciles de comprender. A mí me cuesta, y me sigue costando atajar su purga
psicoanalítica, pero lo que sí me parece fácil, y visible, sentible, es que el
corazón del animal que llevamos dentro se tiene que a veces expulsar, quizá
como lo intento de hacer ahora. Como un instante, sí, sólo
un instante. De libertad.
domingo, 27 de enero de 2013
re-encuentro.
Lo inesperado, lo que incomoda y el cambio. Las resoluciones de las andanzas, de las preguntas respondidas por los pasos. El enfrentamiento a la pasada identificación, a la recomposición de la unidad fragmentada, separada, desprendida. Un nuevo proceso de reconocimiento, la lucha permanente de nuestra nueva identidad, el retorno del nosotros. Continúa la dinámica. Sí, sigue, avanza, arraigando y desarraigando, demoliendo y construyendo: riendo para llorar. Pero las miradas continúan con sus deseos insoportables, desesperantes. Punzan. La intranquilidad del espíritu-su sed de abismo y desaparición- limita con esta nueva transformación, devenir inmanente. Este lo engulle y lo libera para sí mismo, porque no es si no para sí mismo que la negación de la identificación emerge como producto necesario y vital para las resoluciones de las andanzas. El amor es una monstruosidad, ángel y demonio. Extra-ordinario. Las agujas diabólica que renacen en lucidez. Mientras los deseos personifican la caótica contradicción de nuestros espíritus, de las miradas, del cuerpo y la compenetración rítmica de los corazones, la idea vaga de la presencia, de tu presencia, devendrá inevitablemente en afirmación, propuesta, vale decir, esperanza hecha experiencia y viceversa.
martes, 15 de enero de 2013
mujer
Podríamos arriesgarnos a decir que la mujer como ser social es la negación del absolutismo ideológico del hombre. Es el enfrentar el mundo masculino como su negación, donde esta no se presente como lo natural, lo inconsciente, sino que es presentada como una negación histórica, realmente construida, conformada, compuesta y devenida en conciencia. Lograda esta lucidez, que no tiene otra fuente de alimentación que la experiencia, la práctica, es que el hombre y la mujer, y más urgente el hombre, abren la posibilidad de cambiar el rumbo de las acciones, de no seguir reproduciendo la realidad androcéntrica , dichosamente aceptada. Es girar hacia el rumbo de la síntesis, de la unidad entre hombres y mujeres, a su reconocimiento mutuo, autorealización compartida.
lunes, 14 de enero de 2013
El amor.
"El momento primero en el amor consiste en que no querría ser una persona que gozara de independencia y en que, si lo fuere, me consideraría defectuoso o incompleto. El segundo momento, en que me recobro a mí mismo en otra persona, en que adquiero validez en ella, como ella en mí. El amor es, por tanto, la más monstruosa contradicción, que el entendimiento no puede resolver, ya que no existe nada más duro que esta puntualidad de la autoconciencia, que es negada y que yo debo, sin embargo, acoger como afirmativa. El amor es el alumbramiento y la resolución de la contradicción, todo a un tiempo; y es, en cuanto resolución de ella, la unidad moral"
El espíritu.
"La vida del espíritu no es la vida que se asusta de la muerte y se mantiene pura de toda devastación, sino la vida soporta la muerte y sabe mantenerse indemne en ella. El espíritu sólo adquiere su verdad en cuanto se encuentra a sí mismo en el desagarramiento absoluto...Sólo es este poder en cuanto saber mirar la cara a lo negativo y detenerse en ello. Esta estancia es la fuerza mágica que transforma lo negativo en el ser"
domingo, 23 de diciembre de 2012
Valparaiso
Tus
monstruosidades de la costa dejan bien en claro tu esencia. Barcos inmensos y
pequeños, desde corporalidades absolutamente herméticas hasta una simple piel
de madera desgastada. Las aves cansadas de tanta libertad buscan algún espacio
en las diversas proas que, inmutables, miran la pintura de aquel ángel borracho
que diseñó tus calles, edificios y casas. Albergan en tus mal llamados cerros,
que no son otra cosa que lomas superpuestas unas tras otras, diferentes casas
de latas oxidadas recogidas alguna vez en la orilla del mar, de rocas y piedras
importadas –dicen- de Europa central, casas de múltiples materiales de segunda,
tercera o cuarta mano. Departamentos fiscales coloridos, espaciosos y
comunitarios que, junto a casas aristocráticas y sus respectivos jardines
decimonónicos, dejar bien en claro que la arquitectura es por definición un hecho
social. Verde claro, plomo, rosado, celeste, verde agua, blanco, rojo, fucsia,
verde oscuro, naranja, e infinitos colores y combinaciones visten tu cuerpo
empinado, desobediente y caótico; y que pronto, en cosa de minutos, encenderás
tranquilamente cada faro de tus esquinas, para recordarle así a tus habitantes
que ha llegado la noche y que es tiempo ya de que se sumen a levantar el
festival de una ciudad que sabe
perfectamente cómo iluminar el océano pacífico.
Valparaíso,
tus calles arrinconan corazones, extravían conciencias y, sobretodo, cansan las
piernas. No hay mejor lugar para un prisionero de la gran ciudad venir a sentir
su propio corazón, dialogar con su perturbada conciencia y activar un poco su
estático cuerpo. Pues muy bien debes saber que el caminar perdidamente sobre
tus arterias impregnadas de agua salada, encontrarse con esquinas, casas y
miradores surreales, sentir la soberanía del peatón sobre tus estrechas calles
y, por supuesto, disfrutar como los perros callejeros indignados deben
reconocer y acatar ciertos derechos felinos; hacen de ti, querido puerto, el
lugar paradigmático de la sanación, introspección, del cuidadoso despliegue de
nuestras consciencias, de su reconocimiento histórico, desequilibrado y
pulsional. Eres, simplemente, la santa
purificación del alma.
No hay motivo de olvido, ni razón de
indiferencia. El brazo fraterno de tus cerros y la extensa tela de tus faldas
podaron las largas hojas que ensombrecían mis potencias reales. Porque es
justamente acá donde por fin voy comprendiendo eso de que se me dijo alguna vez
“esto no es real”. Así como experimenté desde calidad de espectador lo que no
era real, acá vivencio una y otra vez que mi conciencia también se miente, se
autodestruye, se daña, sufre con imágenes y futuros irreales. Hay que respirar,
escucharse, calmarse, así para entender de a poco, paso a paso, que somos seres
históricos, dialécticos, que el sometimiento a un determinado mecanismo psíquico
es superable, y que todas las fantasías y emociones paralizantes que deriven de
él, no rechazarlas ni eliminarlas, sino más bien enfrentarlas, asirlas y callarlas.
De que todo esto es aprendizaje, es la superación atravesada por contradicciones
permanentes: como tus mismísimas calles, donde todo se une y desune,
continuidad en la discontinuidad; como nuestras vidas, nuestros amores.
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