lunes, 23 de septiembre de 2013

A un vagón

A un vagón.

El indigente entra y hace uso de uno de los asientos del penúltimo vagón del tren. Los pasajeros sentados a su alrededor más quienes iban parados en el pasillo comienzan a inquietarse. La sensibilidad de sus olfatos obliga a observar asqueadamente al atorrante; se miran entre ellos para acordar la sincronización de llevar sus manos sobre las narices y así acumular la fuerza de la complicidad para ir parándose uno a uno y caminar hacia el centro del vagón, dejando completamente solo al miserable. Este ni siquiera se inmuta. Puede que la familiaridad de la situación no sea ninguna novedad y menos unas aflicción. En el vagón de los refugiados de la putrefacción se halla uno de los intelectuales más agudos de Chile. Tomás Moulian (¿cuántas veces ya me lo he topado?) sentado con su sobrina ni siquiera se percata de toda la desdicha del infame. Mientras su sobrina lenguetuéa un helado y Tomás sostiene firmemente en su mano una bolsa de Mcdonald’s, llegan dos turistas francesas que hablan del frío de la noche anterior y la naturaleza kitch de las fiestas patrias chilenas.

Los libros, el viaje y la marginalidad. La teoría, la experiencia y el poder. El discurso, el cuerpo y la mirada. Todo ello converge en un solo vagón. 

jueves, 1 de agosto de 2013

Pasos lentos

Hay abismos que giran
y vuelven.
Y yo escapo en sentido
contrario.
Pero me hallo en ellos.
Y caigo, relampagueando
suspiros.

Al fin.

Mi nariz entra en razón
porque respiro.
Y recuerdo que también
sigo siendo carne que
se resiste al vórtice de
la desesperación.


domingo, 7 de julio de 2013

Ya más loco.



Las muertes que te hicieron vivir son inmortales. Se conservan a veces en la conciencia, se manifiesta de vez en cuando en ese lugar, pero su posada siempre de llegada es en su pasado, en su recuerdo, en su historia. El transcurso de la experiencia de la muerte sufre procesos, movimientos que por unos momentos pensamos que alcanzaron un nivel tal de estabilidad que no provocará más vivencias de nostalgia (claramente que esta última no es más que una piedra en el camino). Pero esta vuelva a aparecer, a veces la experiencia del recuerdo y el recuerdo de la experiencia se unen en un solo sentimiento instintivo de desequilibrio, de una pequeña perturbación, que aparece contra viento y marea hacia nuestras conciencias, a meternos ruido, ruidos de arañazos, un ruido en silencio.

Cuando se cumple un ciclo de aquella muerte, de su bomba de explosión vivencial, el recuerdo grita como una bestia, trae al presente las imágenes, los llantos y las piedras pesadas que cayeron sobre nuestros cuerpos que no terminarnos más que dejarnos huellas. Cuando se cumple un ciclo, cuando se cierra una transición de la muerte, esta abre implícitamente las puertas de su retorno, para entrar con estrépito y decirnos que está prohibido olvidar tan pronto, que no es un reconocimiento a nuestra condición de seres contradictorios y enfermos. Cuando se cumple un ciclo de una muerte que entregó las fuerzas vitales de hacernos caminar con los hombros bajos y así sentir que no es más que la pura expresión de la vida, el recuerdo es inminente, debido la fuerza que porta.

Pero los ciclos están para revivir. Para la continuación del proceso,  donde en su mismo desarrollo conlleva esos elementos del pasado. Es lindo recordar, porque con la muy fuerza cuántica de su carácter, siempre habrá un lugar para el principio, la no relatividad, la cual ha de encontrarse con una mayor fuerza, una fuerza tal que el mismo recuerdo y su repaso por el corazón es sólo un saludo, una simple atención para seguir mirando hacia adelante y caminar con nuevas preguntas. Así, la muerte y su ciclo, serán integradas como parte del mismo motor de la vida.

El problema seguirá siendo la pregunta de si el amor es realmente amor o es una expresión patógena de nuestra historia singular.

Mejor sigamos escuchando Spinetta.

martes, 21 de mayo de 2013

hoy

El tiempo y su recuerdo se repliegan una y otra vez sobre la conciencia. Ciertas fechas determinadas te invitan al retorno. A un pasado animalesco y trascendental. Como el descubrimiento del amor, su primera experiencia y eternos placeres y dolores que vuelven, como tiempo y su recuerdo, a nuestra conciencia. Nos distraen, nos acongoja, nos permite volver a soñar.

jueves, 4 de abril de 2013

rareza



Rareza, sumergirse en la rareza. ¿Qué es lo raro para mí? ¿Qué fue aquello a lo que lo sometí al más severo cuestionamiento y deformación? La tensión entre mi yo y aquello extraño fue la fuerza natural de la lucha por la identificación. O bien, la implicancia con el entorno (que en términos sistémicos, que está tan de moda en la sociología chilena, el acoplamiento estructural entre sistema y entorno).
En este caso, para mí, no sería más que el acoplamiento entre la personalidad y el entorno. ¿Qué tanto aporte puede entregar la diversidad de entornos? ¿Qué tanto sumamos a la riqueza de nuestro espíritu lo multiforme que puede adquirir la tensión entre nuestro yo y el entorno? Creo que mucho, y al decir mucho, puede que me caiga un ladrillo ortodoxo del marxismo mecánico diciéndome: ¡posmoderno! Pero creo que va más allá de eso, pues la diversidad de experiencias acumulada, y por tanto, las tensiones vividas y revividas, son materia esencial para el aprendizaje en el mundo, en la sociedad, en la naturaleza. Es retorno de la tensión generada por el divorcio entre el espíritu y la naturaleza, entre el sujeto y el objeto. Los distintos dialectos que genera la dialéctica de la experiencia acumulada es el principio mismo de la aproximación de vivir la vida, de la coincidencia entre libertad y necesidad, donde cada uno es simultáneamente la otra. La síntesis entre el puedo y el quiero. Qué maravilla. Qué luces. Qué tinieblas. Todo es aún desconocido. Es tan breve la existencia para tanta música nueva, dice un locutor de radio. Pero yo digo, es tan breve la existencia para tanto mundo por conocer. Tantas realidades que, en sus tinieblas, ocultan las razones verdaderas: y en todo sentido, a nivel físico y social. ¿O no señores fenomenólogos? Perdón por hablarles así, pero hay que reconocer que la negación de nuestras vidas es un movimiento que produce y esconde a su vez. Sigamos caminando y preguntando... a la vez.

sábado, 23 de marzo de 2013

Faustoraiso.

Es lo últimamente discordante, conflictivo. Es, es. No puede dejar de ser. Es una torrente, un río, una olas asesinas. Una nube, dos nubes, mil nubes que no solo esconden, sino que oscurecen el único camino. Son las sombras. Son los pájaros. Son. Son, son los fantasmas. Es, es, y no dejar de ser, la magnífica fiesta ensordecedora. Suprema. Es, es, y no deja de ser, la vida misma de las lenguas del fuego. Es el principio absoluto del Yo interminable. Es el fuego. Es, y no deja de ser Dios y Diablo.Es la convivencia. Es la reconciliación. Es la superación de la locura. Es, y no deja de ser una simple palabra nominada Fausto. La pura luz, la absoluta luz, la dogmática luz es un engaño, una ilusión de ilusiones, una antinaturaleza. Es, y no deja de ser también oscuridad, muerte, seducción, alucinación y burla. Es, y no deja de ser, Satán. ¡Gloria a aquellos! ¡Gloria a Dios! ¡Gloria al Diablo! !Gloria al mundo invertido, al cielo como infierno e infierno como ciudad celestial! Es todo en la síntesis de su unidad en permanente construcción. Es, y sigue siendo... ¡el amor! ¡La vida!

domingo, 24 de febrero de 2013

Chinoy


Uh, acabo de llegar de la presentación de Chinoy y aún sigo extasiado. En un comienzo este loco no me prendía, su voz me parecía bastante monótona y su rasgeo demasiado desagradable. Poco a poco me fui familiarizando con sus canciones. En un comienzo no era más que dos poesías musicalizadas que me tendían a envolver, pero no lo lograban. Esto era natural, pues creo que la vida anímica de uno tiene que lograr conectarse con los fenómenos artísticos, pues si bien una obra de arte logra su objetivo de atraerte emocional o intelectualmente, no logra del todo, de manera absoluta, confundir y sintetizar el alma, tu alma, con lo creado, y el arte. Y claro, siendo coherente, no faltaba más que mis nuevos estados anímicos, los desafíos que el alma, mi alma, se tuvo que ver enfrentada con las negaciones, contradicciones y desagarramientos de la realidad, del mundo, con los otros. En ese tránsito tormentoso, donde la solidez espiritual no encuentra más que intentos vanos de reconocerse, y que entrando en la preocupación, umbral de la desesperación, derrama lágrimas y cuerpos heridos, entra, sigilosamente, saludablemente, el arte, la música, Chinoy. Sus canciones, poesía armoniosa y caótica a la vez, desvelando los secretos más oscuros de la vida anímica, del alma, logran ser la identificación oportuna del extravío de la conciencia o, con palabras más quisquillosas, de la conciencia desventurada, desgraciada. Puede que esté exagerando, un sofista de la crítica, pero me es imposible ocultar la emoción que logró y ha logrado y acaba de lograr el arte animalesco de la voz en vivo de Chinoy. Creo que sus mensajes calan hondo, a veces muy difíciles de comprender. A mí me cuesta, y me sigue costando atajar su purga psicoanalítica, pero lo que sí me parece fácil, y visible, sentible, es que el corazón del animal que llevamos dentro se tiene que a veces expulsar, quizá como lo intento de hacer ahora. Como un instante, sí, sólo un instante. De libertad.