¡Echado y vencido por el insomnio! Pareciera ser la fuerza vestida de ley de cada noche, en que tú, abatido una y otra vez por divagaciones infinitamente relacionadas, no buscas más que un escape contaminado de placer.
"Escribe cualquier cosa. Que sea verdad o mentira no tiene importancia. Habla, pero habla con ternura, pues es toda la ayuda que puedes prestar. Construye una barricada de palabras, tanto da lo que signifiquen". -John Berger-
miércoles, 2 de marzo de 2011
viernes, 21 de enero de 2011
crudo verano

Es molestosa, para no decir dolorosa, la sensación de frustración, o eterna derrota. Tenía la convicción de que este modesto viaje por el sur de mi pais, bajo las condiciones de un viajero que busca abaratar dentro de lo posible los costos de trasporte y hospedaje, iba reactualizar positivamente mis intermitentes estados de amargura y decepción. Así como también la certeza de que los nuevos parajes verdosos y la cordialidad sureña de la gente iban a ser inyecciones anímicas para el comienzo de este nuevo año. Cayendo claramente en la creencia del tiempo anual como una constante nueva, y quizá feliz del tan bullicioso"feliz año nuevo".
No dudaba tampoco del rol terapéutico que podrían significar esas pequeñas experiencias que nacen bajo el gobierno del azar, pues eran lógicas sus apariciones, ya que no tenía ni destino específico de antemano al cual llegar; toda decisión era tomada si no por intuición, por recomendación. Era una vagancia sabrosa, una estado errante que limitaba entre la libertad y la nada. La única sujeción posible que podría sufrir aquel estado era estar constantemente absorbido por el vacío.
En realidad, para ser sincero, era una libertad colindante con la nada y el vacío hasta por ahí nomás; ya que sabía al menos el tiempo que iba a durar el mochileo y aparentemente el límite del sur al cual correspondían mis ganas y fuerzas. Hay que reconocer, lamentablemente, que en estas empresas la resistencia física es tan importante como la resistencia emocional. Esto lo reconozco por experiencias pasadas: hace aproximadamente cuatro años que emprendo viajes parecidos a estas condiciones, fuera y dentro del pais.
Es así, con un pequeño encuentro con el sabor de la vagancia, gobernada por el azar y la nada, que volví a vivir nuevas y buenas experiencias por el sur de mi pais; habitar en lugares inimaginables, ser querido y atendido por locatarios de pueblos escondidos y olvidados por el turismo comercial; aprender de la humildad casi absoluta y espontánea de los hijos del campo, de los pretendientes fieles de aquel cielo ultraestrellado que ninguna ciudad podrá observar; con un tiempo que distribuye su existencia de manera simple, respetuosa y elegante.
Sería injusto no recordar el contacto penetrante con el sagrado fuego que, sostenido por viejos y nuevos troncos de un bosque que transita más por lo privado que por lo público, supo arrancar las piedrecillas grises que habitualmente se renuevan en mi ser más pesimista; mencionar además que a su lado lo acompañaba el infinito diálogo que establecía el lago Vichuquén con su reducida arena. ¿ Sobre qué tema estarían hablando aquellos dos residuos? No tengo duda alguna que se trataba sobre la contaminación acústica con la que tenía que convivir nuestro lago, generada directamente por el paseo estresante de lanchas y yates de la burguesía nacional, la cual compró grotescamente casi toda la costa: hijos de puta.
En fin, creo que me extendería demasiado en recordar las pequeñas y significativas experiencias que, economicamente hablando, generaron plusvalor en la producción de mi supuesta rehabilitación en los pasillos de un viaje perfilado entre el azar y la lógica.
Sin embargo, esa inmutable sensación de fracaso y miseria casi ya constitutiva de mis pasos, tuvo la facilidad de anular casi por completo todo el beneficio obtenido por la simpleza de las nuevas experiencias. Esta vez el retorno del sentir opaco se originó por un hecho absurdo, injusto y evitable que no me atrevo aun de exponerlo ni menos narrarlo. Solamente lo presetaré como una acción o suceso decadente. Un cometido tan sencillo en que yo pasivamente participé para un objetivo colectivo de bienestar temporal del mochileo. Las consecuencias de aquel insignificante acto se vistió de símbolos denigrantes para cualquier joven ingenuo como yo; efectos con signos de torturas y humilliación. Puede que sea demasiado exagerado al confesar esto, pero no creo haber vivido una situación de sanción y buen encauzamiento, como dirían por ahí, que produjera tanto repudio a la relación entre yo y el mundo.
La serie de estas consecuencias simbólicas que hasta el momento no le adjudico más que el carácter de humillación y violación a la vida misma, puede ser - o maquillada si se pudiera decir- reconvertida a una experiencia de la juventud-nuevamente caigo en la creencia del tiempo segmentado- que no sea más que una lección y enseñanza; obviamente que si le adjudico ese valor positivo instructivo, la denominación de consecuencia simbólicas humillantes pasará a ser, como bien dije antes, a "nuevas experiencias". Pero es inútil, para no seguir sintiéndome idealista, reconvertir la humillación en lección, la tortura en nueva experiencia. Claramente que hay coherencia en esta perspectiva; pero es una coartada momentánea para la superación de lo vivido, o mejor dicho, sufrido.
Es, por lo tanto, el regreso de aquel sentimiento que solo tiene por sostén una pendiente negativa. Siendo capaz de anquilar todo recuerdo incoporado por las nuevas experiencias sencillas del viaje, las cuales son víctima de este hecho puntual absurdo que con su fuerza brutal comenzará a desfigurarme nuevamente el rostro, un rostro que ingenuamente comenzó a creer en lo saludable de un amigable verano. Un crudo verano.
viernes, 31 de diciembre de 2010
resistencia
Se vuelve irresistible caer en la discontiuinidad de nuestro tiempo. Adherir a vuestro quiebre anual de la estruendosa orquesta de abrazos y buenos deseos es legitimar esa coacción monumental que, a cierta edad con obligatorias condiciones, es irresistible. La resistencia, a decir verdad, no es más que un instrumentito de coartada para legitimar el aparente sentimiento de exclusión. Es una cruda ideología que, más allá como anelgésico, tiende a rechazar lo real e inherente de nosotros: la adhesión. Esa fuerza constitutiva humana natural social e incontrolable que es capaz de alinearse/alienarse al más mínimo ruido exterior: desde los festivales violentos mundiales hasta los excluidos gritos compartidos de desesperación. Aunque se podría contraecir la adehsión con eso que se llama soledad. Como momento real - y no ideológico- de la resistencia, estado verídico de la exclusión y el rechazo a, por ejemplo, la estruendosa orquesta de abrazos y buenos deseos. Sin embargo, cualquier estado que podría visibilizar realmente la resistencia o la negación concreta de la adhesión, no serviría más como la principal alimentación ideológica de la resistencia. La nube metafísica de la resistencia se reproduce y robustece con la soledad, se hace ella misma. Cuando en realidad, la soledad es solo ese llanto totalmente temporal y mañoso de nuestra conciencia-complacencia. Y la constante contribución de lo real en cuanto soledad hacia lo nebuloso e ideológico de la resistencia -como un flujo-; va adquiriendo una fuerza de reciprocidad que, a la vista de nuestra inocencia, se unifican; es decir, concebimos ya concretamente el estado de soledad como resistencia: soledad es resistencia; o bien, el aislamiento es una expresión sutil de rebelión y extensión de la resistencia. Pero creo que acá es donde tenemos que poner cuidado, ya que la regularidad de cualquier acto social es la condición básica para la institucionalización. Entonces, institucionalizar la soledad como resistencia es caer en otra verdad aparente de lo real.
La resistencia así, como la última lucha que creemos dar contra las múltiples orquestas que se nos presentan e imponen masivamente, justificada en la realidad como soledad; se convierte en el instrumento ideológico que nos permite respirar, estar por momentos tranquilo. El descanso que nos cosecha su espléndida forma: la soledad, satisface siempre por momentos, eternamente por lapsus, ese sentimiento de exclusión al ruido exterior, la negación falsa y desesperada de la fiesta. El triunfo inmutable y constitutivamente humano de la adhesión.
martes, 14 de diciembre de 2010
viajero que no huye

Tremulín, ha llegado el tiempo de evaluar. Aguantaste el tormento más peligroso enviado por los dioses sin ayuda de nadie; quizá de unas cuántas lágrimas que retornaron a tu garganta. Pero al parecer, en cuanto a su forma lejana, al discurso y a la idea misma; es momento de que suspendas por un brazo macabro. Que de verdad, en cuanto a lo esencial, al contenido y a la realidad misma; es hora de que sigas sobreviviendo, con bombilla y tabaco en boca, en posada cualquiera. Con el grito silencioso que siempre te ha caracterizado: la desesperación oculta y motivada por sonrisas. Así como un corazón más, humedecido por las nubes eternas que lo diluyen todo. Hasta mi alegría.
lunes, 29 de noviembre de 2010
viernes, 19 de noviembre de 2010
cuentame una historia original.
Y esa quebradura eterna de tu voz,
serena mía; compañera de las
derrotas siempre injustas hacia
quienes no izamos el trapero
sucio de la forma cínica del amor.
Es tu sinceridad siempre cauta
y a veces, romántica, que nos
mantiene un horizonte frágil
de seguridad y sostén líquido
al tormento inefable concreto:
de la amargura, el viaje interior
que culmina la incomprensión
infinita de las interrogantes.
Eres tú, enemiga de la primavera
sonriente, eterna yerba seca.
Entre cada sorbo y humo que
mis sentido, siempre en la
caída futil, dialógan entre sí
para encontrar una forma de
respuesta a la razón, suprema
inmaculación de lo común;
no siguen el camino más
infitesimal que la perdición.
Enredado así, subyugado allá,
por las creencias de la más
simple palabra, envuelta de
autoridad: marchitan, caen,
mueren...
Y tú, compañera mía seguirás
allí, esperando blasfemia
alguna de odio a la constancia
del mismo aire inspirado.
Me enverdecerás más la yerba
siempre amarga; conducirás
el destino obediente del hilo
fino transparente hacia mis
pulmones. Caeras en mí,
caeré siempre a tu horizonte.
sábado, 6 de noviembre de 2010
encorváos

Hay momentos en que uno se debiera observar para responder a la inquietud de aquel sentimiento de molestia o dolor que sobrelleva en la espalda: efecto de estar sentado por horas interminables frente a la computadora; ya sea por razones de estudio, de trabajo u ocio.
Es triste pensar que nuestra época -dentro de la historia universal- sea consumida en su mayoría por seres humanos que se la pasan toda su vida sentados, y poco caminando; y peor aun frente a una pantalla que no te dice nada. Que ni siquiera se molesta en formular una expresión de comunicación; pues debemos construir su habla para que nos sintamos comunicados. Inventamos un sistema de conexión que aparenta darle vida a esta máquina: pues así es la única manera en humanizar nuestra (pre)ocupación. Es una locura: humanizar virtualmente nuestra existencia, nuestra miseria. ¿ Hay algo más absurdo que simplificar y reducir lo complejo de la realidad en un simple código informático? Necesitamos la ciencia para la sobrevivencia. Es el orden de todo desorden que se oculta tras una respuesta cientificamente correcta. Y todo es peor cuando nos damos cuenta, hasta cierto punto. Nos sometemos con el disfraz conciente -desechando no serlo- para justificar, al menos, nuestro absurdum cotidiano. Este autoconvencimiento de saber y des-velar la verdad que se oculta detrás de las verdades no es más que una simple y ligera anestecia para justificar nuestras acciones. Es un infinito de convencimiento que pareciera tener un fin. Un infinito vulgar. ¿No somos capaces de contactar con la razón última de nuestro hoy? Me parece imposible y soberbia tal empresa. Tenemos que convencernos de nuestra alma limitada. De nuestro constante invento y artificio para responder a problemáticas que nos sirven de sobrevivencia. Vivimos en una religión constante. En una fé interminable. Quizá por eso no nos damos cuenta de la valoración desesperada a toda quietud emocional y física y numérica. El miedo responde a un grito silencioso de la desesperación en sociedad; de la cual nos vestimos naturalmente. El arte supremo de la comunicación social se ha potenciado con la simplificación científica de la realidad compleja: internet. Esto. Esta misma forma de matar nuestro tiempo. Pienso que así como el primer homínido mataba su tiempo encorvadamente intentando caminar hacia su propia sobrevivencia; hoy el hombre del capitalismo similarmente mata su tiempo encorvadamente hacia su muerte, y sobre todo, con la tristeza de estar sentado frente a una máquina que fácilmente puede no estar. Creo así, que hay que mirarse al menos por unos segundo, observarse. Sentir el infinito sentimiento absurdo con que nuestro corazón inocente es arrancado y violado por el tiempo en función de los códigos de nuestra época.
En fin, ya estoy entendiendo los dolores de espalda...(y comprendiendo la vagancia).
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