jueves, 19 de junio de 2014

barcodepapel


"Bueno, creo que los barcos de papel por un lado significan lo que pudimos cosechar en la conversación de la última noche. Si tengo un paraje nocturno donde navegan barcos vulnerables a cualquier estado marítimo adverso, y mi mente vuelve a discurrir por los significados derivados de aquella situación, a saber, barcos y resistencia, pienso que los barcos de papel devienen en el símbolo paradigmático de la resistencia marítima. Y si lo extrapolamos a la vida misma, que al parecer no tuvo problemas mi vecina en concedérmelo, vienen a significar la resistencia de cualquier vida ante su cercano hundimiento, es decir, ante la muerte. El papel no tiene el mismo tiempo de resistencia ante el agua que la madera, el metal o el hormigón, por lo que lo hace de por sí un material bastante más vulnerable en su navegación. Su tiempo de duración y resistencia será así mucho menor. ¿Y para que entonces construimos barcos de papel? No toda creación significa utilidad, por más que nos quieran hacer ver los tiempos modernos. No todo lo creado ha de ser puesto en función para. No, no, no. A ver. Desde un punto de vista etario, fuimos, o mejor hablaré por mí -y así desobedezco a la apariencia colectiva que impuse con el “podemos…” de la última conversación con mi vecina-; fue y fui en la infancia donde construí más barcos de papel, origamieándola solo en una piscina de plástico. Recuerdo muy bien que presenciaba la muerte lenta y gradual de los barquitos en el justo momento en que su pulpa de celulosa iba siendo debilitada y devorada por el agua que en un principio la sostenía (misteriosa relación entre hidrógenos). Seguramente ante la presencia de otros niños o amigas, donde probablemente se nos hubiese ocurrido jugar a quién construye el barco de papel más resistente y así, ante la fuerza de la competencia, a más de alguno o alguna se las hubiese ingeniado en construir barcos de otro material más resistente al agua, con el objetivo de lograr el triunfo. Pero ese triunfo, con todo su placer y goce inherente, viene ya a advertirnos en que aquella creación exitosa de barcos de papel no significa ni entrega ningún mensaje de resistencia, sino más bien nace ante la búsqueda de un logro, un éxito. Uh… bah, juegos que resignifican símbolos y así se nos va la vida. Parece que mi teoría de una infancia de creaciones sin ninguna motivación teleológica y su construcción de barquitos de papel como contemplación de resistencia a la vida, como teoría papeartística, se está yendo definitivamente al carajo. No, no, no. A ver. Recuperemos el tiempo perdido en su pasado real y no lo contaminemos con supuestos. Lo de la competencia y el  mejor y duradero barquito resistente al agua fue un supuesto, una probabilidad, una fantasía dentro de un recuerdo real. Y de haber sucedido, se lo plantearía mejor a mi vecina. Por lo que no, no, no, no me puedo ir al carajo. Soy un barco de papel y resisto a estos primeros pensamientos matutinos susceptibles de destrucción superyoica. Hilvano desde bien temprano estas cosas para luego en nuestro próximo encuentro balcónico comentarle algo de esto y plantearle que los barcos de papel son en algún grado fieles compañeros de la resistencia no sólo oceánica ni piscineática, sino amigos de la navegación en lucha. Sí. Amigos. De la navegación. En lucha. Uh, la vida misma. Sí, un flash".